Apreciar la sal

La belleza de la SAL, sus formas y sus colores sin perder su identidad. La SAL se encuentra ligada al origen de muchas de las civilizaciones antiguas. Tiene cerca de 14.000 aplicaciones. Fue una herramienta para el reclamo de la libertad y, otras veces, un instrumento de opresión. En su nombre se libraron guerras, se tejieron mitos, se conquistaron pueblos y se nombraron dioses.

Las luces brillan en la gema más o menos fastuosas, las hay con distintas ganas de colores pero ninguna que no provoque fascinación. El humano no puede vivir sin SAL, le es igual de indispensable que el agua y el aire; y esto, en la antigüedad cuando no se disponía de producción y debían traerla desde lejos, el valor se multiplicaba…

En GHANA, por ejemplo, la SAL se cambiaba al trueque por su peso en oro. Y en el desierto del SÁHARA, a veces en invierno, desfilan los camellos cargados «los Azalaï», LAS CARAVANAS DE LA SAL. En la antigua ROMA, la primera vía fue la Salaria, hecha para transportar la SAL a ROMA y a toda la península. En EEUU, los indios la llamaban «mágica arena blanca» y las rutas secundarias fueron hechas sobre los caminos que trazaban los animales en busca de la SAL.

En la INDIA, los ingleses se beneficiaron grabando la SAL con impuestos muy altos y prohibiendo a los hindúes que pudieran coger su ración… «LA MARCHA DE LA SAL» en 1930, con el simple hecho de llegar al OCÉANO y coger un puñado de SAL… este gesto de GANDHI, desencadenó una avalancha que arrastró, tiempo más tarde, la colonia británica…

Toparse con esos remolinos blancos que se parecen a la espuma del mar es homenajear la magia de la NATURALEZA antes que el poder que ha significado históricamente. Un asombro que se ha transformado en rituales y supersticiones y a pesar de que sigue siendo protagonista en nuestras vidas, se ha vulgarizado, ha dejado de ser un bien exquisito… quizá, porque no sabemos apreciarla…

Jierro


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