BALI, es una isla hinduista de INDONESIA, de las 14.000 islas que posee este archipiélago, la mayor nación islámica del mundo. Para sus habitantes, la isla es un territorio divino que su infinidad de dioses les encomendó cuidar para mantener el orden cósmico a través de sus ritos, por lo que la isla entera es un descomunal santuario de esta religión. La sociedad está férreamente jerarquizada en castas y los difuntos se creman en piras a lo largo de espectaculares ceremonias que pueden llegar a durar varios días para liberar el alma del cuerpo y perpetuar el ciclo de la vida, la muerte y la reencarnación…
Es digno de estudio el hecho de que en una isla tan pequeña pueda coexistir el turismo masivo con las campesinas enfangadas hasta la rodilla, trabajando los arrozales sin perder su sonrisa bajo el sol, el deambular de las ancianas con sus pechos al aire o la ceremonia de ofrendas en el templo a la diosa del Lago…
El turismo, por encima ya del arroz, se ha convertido en la primera fuente de ingresos de la isla, pero el hechizo de BALI, ese que encandiló a MARCO POLO y a infinidad de navegantes europeos hizo que muchos se quedaran y cambiaran los lujos por una vida entera en la placidez sin límites que les prometía BALI…
La formación musical es básica en toda INDONESIA y precedidos por las notas de una orquesta gamelán desfilan pueblos y familias al completo, desde los ancianos a las niñas, todos con las cestas de sus ofrendas cargadas de frutos y flores haciendo equilibrios sobre la cabeza. Ellos, en procesión con sus brillantes sarongs de gala y sus pañuelos anudados a la frente; ellas, con descomunales moños postizos con los que, aseguran, atan en corto sus malos pensamientos…
Una de las precauciones que debe cuidar el recién llegado es la de no pisar los millares de ofrendas en las que, bien de mañana, se les sirve el alimento a dioses, espíritus y antepasados…
Los lujuriantes paisajes de la jungla elegidos por pintores y artistas, los verdísimos arrozales, las playas cristalinas o las danzas balinesas que interpretan viejas historias a través de posturas y gestos, sin duda de la más delicada feminidad, hizo que al capitán de uno de los primeros navíos holandeses que atracaron en sus costas, se le despistara casi toda la tripulación…
Jierro
Imagen: Grayswoodsurrey, CC BY-SA 4.0
