La península Armoricana, llamada así en recuerdo de la palabra «Armor» (país al lado del mar), con que los celtas bautizaron a su indómita costa, se conoce actualmente como BRETAÑA (inglesa).
BRETAÑA es un entorno ancestral, poblado de robledales y salpicados de menhires, colocados como «por descuido» donde los druidas aconsejaban; cubierta toda ella de un manto de verdor y volcada a un océano bravío e insondable.
BRETAÑA empapada del Atlántico, con sus áureos acantilados, sus rocas tapizadas de líquenes, su vida latente emergiendo del mar impregna sus viejas piedras y quizá lo que antaño vieron: El Mago Merlín, el Hada Viviana y el Caballero Lancelot… les hace ser hoy como son.
Pero los restos de su pasado no son objetos, hay que perderse por ella pudiendo dar una vuelta a la costa que regrese luego por el interior.
Una playa infinita y gris, la arena extendiéndose hasta el horizonte, las landas, los helechos y la humilde vegetación algo retrasada de la costa. Esa agua gris plata a fuerza de tener siempre el mismo cielo, con marinos de gorro azul de lana y pelo cano que beben su cerveza para olvidar cosas que no recuerdan.
Mares silenciosos donde el hombre ni piensa en bañarse, mares vecinos de los abuelos del polo, las reservas vitales y latentes del norte inaccesible…
Un chubasquero será imprescindible para descubrir la Península de Cornualles, los Parques Nacionales de Gales, playas y lagos…
Como decía San Agustín: «Y van los hombres a contemplar la inmensidad de las montañas y el incesante flujo de los mares y las corrientes de los ríos y los ámbitos de los océanos y los cursos siderales, y SE OLVIDAN DE SÍ MISMOS…
El viaje de la imaginación ahora que nos falta la lluvia es el que recomiendo, o un simple paseo por las comarcas ibéricas, el viaje que cada uno planee, según sus posibilidades…
¿Hace falta desearos buen viaje?
Jierro
