Casarabonela

Al Oeste del Valle del Guadalhorce hasta la Sierra de Alcaparaín y Prieta una bella estampa de pueblo «CASARABONELA».

Algo esencial del pueblo, la expresión serena de su latido vital se encuentra en la Plaza Buenavista, donde está el Ayuntamiento, una balconada que mira al mar desde lejos.

El crepúsculo es una buena opción con oleadas de la blanca cal de sus fachadas que con un tinte idóneo de tonos pasteles extiende su manto oscuro el cielo.

Brilla la superluna azul de agosto o de Esturión que en la tímida iluminación de las farolas hace mágico el momento. Reina un silencio de pueblo con murmullos de vecinos sentados al fresco.

Viviendas rehabilitadas de antepasados cuidadas en su aspecto externo para que no se pierda el alma del pueblo, los paisanos árabes de antaño, los espíritus moriscos…

Pequeña CASARABONELA, aunque grande reluces en la sierra donde aún viven pinsapos que la nieve no quiso visitar hogaño.

Agua fresca en las entrañas de la tierra que corren por venas sinuosas y manantiales olvidados que esperan lluvias a tiempo.

Laberinto de callejas que llevan a otras calles y suben a la Plaza grande donde se sientan los viejos, allí se escucha el flamenco y ya en la amanecida se entornan todas las puertas para el descanso festero.

En llegando la mañana, un bullicio de mercado en un espacio abierto donde gritan mercaderes prendas y baratijas, verduras frescas y frutas, pregonan a los cuatro vientos.

De algún sitio no muy lejano, el viento trae el sonido de una banda de música que prepara sus conciertos…

Suenan las campanas de la iglesia anunciando vísperas de festejos…

El sol va calentando las calles angostas adornadas de macetas de gitanillas a medida que se asoma entre las casas y una vieja chimenea que antiguamente producía electricidad…

Los comercios van abriendo poco a poco sus puertas al público, invitando a los visitantes a llevarse algún recuerdo de artesanía del lugar, aunque son pocas personas quienes siguen la tradición de los canastos de olivos o las esteras de esparto…

El pueblo es testigo del encomiable trabajo campesino de sus gentes que luchan lo indecible por vivir sin prisas, relacionándose con los vecinos de tú a tú y no por redes sociales y con los mismos valores humanos que sus ancestros…

Jierro


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