Gente laboriosa y emprendedora desde la Prehistoria, los castellonenses han desarrollado una poderosa industria en torno a su capital.
Hace unos años los arqueólogos hallaron los restos de un «HOMO HABILIS» en un yacimiento de ALMENARA. Era un homínido que poseía una industria lítica o instrumentos hechos de piedra con los que trabajaba para mantenerse.
Habilidad y trabajo en esta provincia mediterránea donde el ocre está salpicado de verde, de muchos verdes, el oscuro de los naranjos, el matorral y la maleza en las laderas montañosas de Poniente, el verde duro del palmito… son los tonos de una tierra seca con lluvias irregulares. En los ejemplos pictóricos del arte rupestre levantino se muestran escenas realistas de trabajo, caza, recolección o labores domésticas…
El tradicional tesón de las gentes del lugar en bancales levantados con piedra seca en centenares de terrazas durante siglos, procuraron el sustento y pararon la erosión del suelo de las laderas de las montañas. Las acequias y canalizaciones que construyeron, intentaron aprovechar hasta la última gota de agua para los cultivos de regadío.
Durante siglos el autoabastecimiento era la vida de las masías y pueblos del interior. Pero con el tiempo desapareció el arado romano y el mulo, se abandonó la aldea y los jóvenes acudieron a la costa cercana. LA PLANA Y CASTELLÓN eran sinónimos de industria, comercio, turismo, agricultura exportadora… Y mejores ingresos en las costas permitieron renovar la casa familiar.
El paisaje de CASTELLÓN, marcado hoy por los naranjos, antaño estuvo dominado por las hortalizas y el arroz, las moreras y la caña dulce, en zonas de riego; mientras que en el secano abundaban el algarrobo, el olivo y el almendro. Aquí hubo mucho pequeño agricultor y artesano relacionado con las alpargatas o la cerámica. Gentes que le daban valor al trabajo, el ahorro y la iniciativa.
La naranja, la industria y el turismo cambiaron de aspecto en la segunda mitad del siglo XX la fisonomía de los núcleos urbanos. CASTELLÓN no ha seguido un desarrollo urbanístico racional, es una estampa muy distinta a la que ofrecen las bellas y tradicionales ciudades del interior de la península. Basta con compararla con las fotos de hace 50 años.
«En CASTELLÓN casi todo huele a trabajo». Nuevas realidades siguen acogiendo a los castellonenses viejos y a los jóvenes que buscan de vez en cuando ese callejón medieval que evoca el recuerdo del pasado…
Jierro