Congost de Montrebei

Congost de Montrebei

A caballo entre ARAGÓN y CATALUÑA, entre las provincias de HUESCA y LÉRIDA en el prepirineo catalán, se encuentra «EL CONGOST DE MONTREBEI» que comenzó a tomar forma hace más de 50 millones de años. Se erige como uno de los principales paisajes de la zona, atravesando de norte a sur toda la Sierra del Montsec por el río Noguera Ribagorzana.

Su enorme corte de paredes verticales ha dado lugar a una inmensa garganta con un desfiladero formado por grandes acantilados que ofrece todo tipo de actividades además del senderismo. El kayak es una actividad que permite contemplar las vistas del desfiladero desde las aguas turquesas del embalse de Canelles…

Otra opción para los más atrevidos es la Vía Ferrata del Montsec, equipada con grapas y cables, que asciende por una de las paredes laterales del CONGOST y también existe la posibilidad de navegar en un barco por las aguas tranquilas del río NOGUERA, donde aún habita la nutria.

Entre las grietas de los riscos brotan especies como la oreja de oso o la corona de rey, mientras que en las alturas sobrevuelan el quebrantahuesos, el águila real o el buitre común.

La presencia de roca caliza ha favorecido la formación de cuevas, simas y galerías excavadas por el agua a lo largo de millones de años, creando refugios para murciélagos y otras especies…

Existen algunas leyendas sobre este lugar, como «El beso de Montrebei» donde cuenta la tradición que ARES y ESTALL fueron dos amantes apasionados cuyas rocas formaban un solo cuerpo, pero los dioses lo separaron de forma violenta cuando se daban un beso. De esa separación forzada se abrió la profunda brecha del río NOGUERA RIBAGORZANA, creando el cañón actual. Se dice que, en las noches de luna llena, todavía se adivinan las siluetas de ambos amantes intentando unirse de nuevo.

Otra leyenda ligada al CONGOST cuenta que un pastor encontró una imagen tallada de la Virgen y decidió llevarla al pueblo, los vecinos hicieron una ermita sobre el acantilado pero al día siguiente aparecía fuera del templo, así es que los vecinos construyeron otra ermita más accesible. Con el tiempo se descubrió que no era milagro, sino el párroco cansado de subir por caminos difíciles, quien movía la talla para obligar a tener un templo más cómodo…

Jierro

Imagen: Amadalvarez, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons


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