Después de tanta añoranza

Y con el otoño llegan,
frescos aires de la sierra,
amantes del bosque eterno,
que quitan tristezas y penas,
cuando la noche es de ébano.

Música cantarina del agua,
vibrando en el arroyo,
con un murmullo sereno,
que por dondequiera que pasa,
calma amores sedientos.

Como si fuera hoja seca,
la lleva el aire o el viento,
a aquel bosque sagrado,
de sus amores primeros.

¡Aunque sea después de muerta,
sin él vivir ya no puedo,
me estoy consumiendo lenta,
y sé que me espera allí,
el que a mi corazón dolido,
el amor le prometiera!

Después de tanta añoranza,
tantos años alejados,
de sufrimiento y nostalgia,
juntaron sus cenizas al fin…

Ya se oye el redoble,
de campanas en la ermita,
cada palabra, un toque,
que en lágrimas convertida,
nunca quisieron decir…

Jierro


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