Estremecida por el silencio que había en la casa, mi oído atento a todos los sonidos, hablaba conmigo misma de los pobres y los ricos.
Me quedo confusa queriendo comprender no sé bien qué, de los que están conformes y de los que no están, de los que no olvidan quien manda por los siglos de los siglos, de los que gritan sin aliento en nombre de la verdad, de la sumisión al poder invisible que deciden sus destinos.
Las puertas mejor guardadas se abren sin reservas cuando vienen a mostrar sus fortunas los poderosos, mientras otros duermen sobre una estera o en las yerbas…
Acostumbrados a hacer brotar legumbres los campesinos o desescamando pescados muertos, los pescadores.
INVOCAMOS LA UNIÓN DE TODOS CONTRA EL DESPOTISMO PARA REPARTIR LAS RIQUEZAS DE LA TIERRA POR PARTES IGUALES…
Jierro
