Cuando el sol se va, a la tarde,
y el rebaño a su majada,
al pasar el puente suenan,
las esquilas de las cabras.
Llega monótono el concierto,
de esos ecos muy remotos,
y el ruiseñor le responde,
desde el bosque silencioso.
En el paisaje oscuro y sereno,
del crepúsculo, las crías,
a buscar leche en su regazo,
corren detrás de las chivas.
De plata, tras la montaña,
la luna menguante nacía,
al campo estival, ya seco,
alumbra con luz amarilla.
Lejos de las ciudades, duerme,
el mundo campesino de añoranza,
donde muchos han de volver,
aunque suenen otras músicas,
a la sombra de las ramas…
Jierro
