De pequeña, hacíamos cruces de mayo
con finos papeles de colores de seda,
las adornábamos con guirnaldas de flores
que pegábamos con harina y agua, «una gachuela»,
para que la vieran vecinos y familiares
y así nos ganábamos unas monedas
pidiendo «el chavito de la Santa Cruz»,
era la costumbre cuando vivía mi abuela.
Esta celebración proviene de fiestas paganas
para conmemorar la llegada de la primavera
en la que una joven vestida de blanco
con una corona de flores era la Maya.
Otros dicen que son fiestas romanas,
ya que el día 3 de mayo, Santa Elena
halló la Santa Cruz y por eso se celebra.
Hoy la cruz que tenemos es muy distinta,
¡Ojalá! la primavera se la lleve
y nos traiga un verano de abrazos y besos…
Jierro
