Aprendemos a vivir, es nuestro destino… Hasta las vidas más dilatadas, no aprenden más…
Siempre había tenido honor, pero no amor. Ella olía a flores de frasco de perfume caro, él tomó una pócima de yerbas, para sostener la leyenda de sus tiempos de gloria «VIVA EL MACHO».
Una cena inconcebible, regada con champán… Había sobrevivido a esa y a tantas otras infamias. Los nubarrones de la borrasca se apagaron con los apremios de aquella alucinante belleza; pero cuando incurría en un acto detestable, gemía desesperado, vagando por la casa, explotando como un trueno…
Se quedaba dormido y soñaba con aquella mujer que no podía darle su amor… Con su sonrisa, sus mentiras piadosas, pintaba con sus pinceles, su dulce voz y su mirada que cambiaba de color, cerca del mar y en los atardeceres…
Sumergido en un estado de desamparo, rebuscaba en su gavetera aquel disco que tenían a medias y que habían bailado juntos…
Jierro
