Pienso con melancolía
en aquellas muchachas ligeras,
como jóvenes ninfas,
lucían el tesoro de sus cuerpos
enarboladas en telas de seda.
Corrían de un lado al otro del escenario,
la música lanzaba un lamento romántico
que con frescura y espontaneidad
representaban en un arrebato,
en escenas inventadas de un cuadro,
sin técnicas ni ayudas establecidas.
Distraían al gran público del salón,
en una velada entretenida.
No les faltaban adornos ni mantones,
abanicos, castañuelas o lunares;
pero sentir y transmitir emociones,
ese era su reto…
Jierro
