Idílico, extraño

Idílico, extraño

Aguanta la gente en su encierro,
yo siento mis ojos cansados,
cae la plácida tarde de abril,
el mismo paisaje, el mismo cielo,
Leonora, la gata, acecha en el tejado.

Entre ortigas y malvas paseo,
pasan días y días sin pensarlo.
Veo la carretera con su puente
en la sombra de pinos altos y curvados.
A lo lejos, la vía del tren, el vivero de olivos,
Sierra de la Huma y el Hacho.

¡Qué maravilla de Poniente!
Cuando tras la montaña el sol se desvanece
entre las manchas verdes de la sierra,
el paraje se viste de colores violáceos,
los naranjos brillan con blancas perlas…

Es un momento idílico, extraño…
¿CUÁNDO VOLVEREMOS A ABRAZARNOS?

Jierro


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