Perdida entre la razón y el sentimiento,
los ojos brillantes de melancolía,
ha llovido intermitente y calaero,
chispeando entre nubes blanquecinas.
Las campanillas cuelgan del alero,
entre tejas y tierra empobrecida,
juegan con el arco iris al sol oblicuo,
las mojadas hojas que gotean todavía.
A veces, las exuberancias prodigiosas
de la futura primavera detenida,
renacen bellamente iluminadas,
abriéndose por una mano antigua:
capullos, brotes tiernos y diminutas
flores de honda belleza,
aunque corta su hermosura fugitiva.
Así me sentía, en mi parada soledad,
como en un jardín olvidado
de innumerables sensaciones infinitas…
Sin embargo, la dulce y fresca lluvia,
llenó de nuevo olores y miradas,
música donde encontré el remanso…
¡OJALÁ! La lluvia se lleve consigo:
La guerra, la intolerancia, los odios…
Jierro
