Hablé con un vendedor de humos, que era agente de seguros y de muchas cosas más…
Sus ojos eran de genio, su vida de saltimbanqui y su oficio engañar…
Con los ojos, con las manos, con la nariz y la boca. Te contaba tantas cosas, que caías en sus redes y te dejabas encantar…
Al fin, entrabas en un mundo mágico, sólo con su palabrería, te lo pasabas genial…
Jierro
