«Hermosa muralla, la Huma»
sus piedras coronan la sierra,
sin movimientos al frío o al calor,
mudas, insensibles, quietas…
Sin embargo, tienen vida,
dan aroma y frescura,
de la brisa, de la lluvia,
piedras descoloridas y viejas,
entre cojines de monjas y aulagas,
entre las flores que invernan.
Las cubren espesas nubes
que amenazan la tormenta,
acogen a senderistas
y escaladores con cuerdas,
que por verticales paredes,
anclando agarraderas,
suben clavando piquetas.
¿Quién dice que las piedras no sienten?
Ellas les animan contentas,
descansan en sus recovecos
para recuperar la fuerza,
y reanudan el camino,
a la cumbre, su anhelada meta…
Jierro
