Ha llegado ya febrero
con la primavera a cuestas,
los campos están pintados
de flores amarillas y violetas.
El palomo sube a la cúspide
del ciprés que está más alto,
desde allí llama a las hembras
que vuelan por los rellanos.
Es hora de poner huevos,
luego echadas, incubarlos;
nacerán los pichoncitos,
su padre sabrá cuidarlos,
le traerá en el pico:
maíz, trigo y alpistes varios.
Cuando les salgan las plumas
les llevará a un alto árbol
para que imiten su vuelo
y aprendan a volar como ÍCARO…
Jierro
