LA CENIZA, esa gran desconocida de nuestros días.
Nosotros personas de la ciudad, hablamos de preparados farmacéuticos.
Las personas de costumbres campesinas hablaban de la ceniza.
Por eso, cuando un campesino nos decía que cortaba las hemorragias y cerraba las heridas con ceniza, nos sonreíamos mientras pensábamos: ¡»Pobre gente»! No utiliza el alcohol ni el mercuro-cromo…
Sin embargo, para ser verdaderamente objetivos, tendríamos que empezar a ver los resultados de ambas aplicaciones y veríamos entonces que su método es más rápido y deja menor lesión.
Antes, cuando castraban los gallos y otros animales, o cuando le quitaban la cornamenta a las cabras, aplicaban ceniza para cortar las hemorragias, evitar la infección y cerrar la herida.
Luego, pasó a aplicarse en los cortes y heridas humanos con magníficos resultados.
La ceniza pues, gracias a su poder absorbente y de depuración, hace cesar la hemorragia, desinfecta y cicatriza en un tiempo más breve .
Para blanquear la ropa, cuando no existía la lejía, nuestras abuelas echaban las cenizas en una orza dejándola reposar y luego se metía allí la ropa blanca. Con ese agua y aceite usado fabricaban jabón…
La ceniza fue en muchos pueblos una señal de dolor y arrepentimiento.
En la primitiva iglesia, el obispo ponía un poco de ceniza en la frente del pecador el primer día de cuaresma, Miércoles de Ceniza, y algunas órdenes monásticas, como Los Trapenses, ponen a los religiosos sobre una cruz de ceniza poco antes de morir, para recordarles su origen y su final: «polvo eres y en polvo te convertirás»…
Las cenizas del difunto que se recogen y se entregan a los familiares están libres de sustancias tóxicas, puesto que se volatilizan por la elevada temperatura alcanzada en el horno.
Junto con el entierro, la cremación es una alternativa cada vez más popular para la disposición final de un cadáver.
Actualmente nuestras cenizas gracias a las técnicas de los laboratorios, se pueden convertir en diamantes…
Jierro
