En medio de la madrugada,
la memoria dolorida
de los sueños que perdimos,
asaltada y confundida,
mi refugio convertido
otra vez en abierta herida.
Al alba un ponderoso silencio
entre nubes enrojecidas,
nada se mueve en el aire:
ni un canto de los gallos,
ni el chirrido de los grillos,
sin un gemido de nadie.
En la hora de la huída,
un crujido de la tierra ,
desprende aromas silvestres,
entre olores de alhucemas
y encendidos amaneceres,
hacen permanecer en vela
estos momentos presentes.
Y aunque los días logren
borrar del todo esas huellas
de las sombras del pasado,
despojada de razón,
tal vez, mi alma se sienta…
Jierro
