domingo, 22 de noviembre de 2020 – 09:05

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Si fuese una gota de lluvia, viajaría sobre las aguas del Duero,observando hileras de kilométricos viñedos que peefilan un paisaje cuajado de un ingente patrimonio monumental, pueblos que han sabido conservar durante cientos de años el sabor y las costumbres típicas de los pueblos castellanos.

El Duero, riega frondosas huertas, visita zonas choperas donde se producen maderas, transcurre por lugares con presencia de antiguas zonas de extracción de áridos, donde se han creado diversas lagunas…
A pesar del «MALTRATO» el Duero sigue siendo generoso en su recorrido hacia el Océano Atlántico, junto con sus afluentes contribuyen a la economía e idiosincrasia de su territorio.

Según la estación del año, disfrutaremos de campos de cereales, girasoles, maizales, viñedos, especies arbóreas donde se cobijan una inestimable e incontable flora y fauna…

Muchos son los azudes que interrumpen sus tranquilas aguas en su descenso y que han tenido diversas funciones a lo largo del tiempo: Aceñas, molinos, centrales hidroeléctricas, observatorios de aves…Monasterios, iglesias, ermitas, puentes, castillos…Pinares, encinares, alamedas… Áreas recreativas, playas fluviales, sendas botánicas, viñedos…Y mucho más…

El río del vino, espina dorsal de la meseta norte, ha sido raya, defensa, linde durante muchos años y aún continúa siendo para muchos miles de seres su sustento y alimento.

El río de mayor superficie de la Península Ibérica, segundo en caudal y tercero en longitud, antaño quitaba la sed de pastores, labriegos, hermanos de monasterios y señores de castillos, hoy se adornan con su nombre las famosas botellas de vinos…

Jierro


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