El duende era tan libre
que no acudió a ese acto.
Todo estaba tan perfecto,
comedido y estudiado:
Las luces, el cante, las palmas,
la música, los vestidos,
decorado el escenario…
No faltaba un punto y coma
ni sillas de Eneas ni manto,
los nervios atados cortos,
perfilado su peinado…
Con media sonrisa en los labios…
¡Espera! No contaste con la magia,
aprietas tu relicario,
tiendes tu mano a que salga
con ingenio y al llamarlo,
una explosión de alegría
llenará de arte y gracia
a la gente del teatro…
Jierro
