Que una cosa tan pequeña
nos diera tanto cariño,
no era perro, ni animal
era más bien, como un niño.
Un cuchillo de aire frío
de noche lo visitó
y sus ojos de azabache
para siempre los cerró.
Era alegre, revoltoso
y mi defensor más fiel.
¡Habrá un cielo de los perros,
donde seguro está él!
