Por las playas de Cádiz bailaban,
igual que las «Puellae Gaditanae».
Saltaban las olas de bellos lugares,
su arte y su gracia derramaban.
Delfines con infinitas piruetas,
volteaban, giraban y reían,
emitían cantos y corrían
invitando que subieran a cuestas.
Llevando en sus manos sal marina
que rociaban en miles de granos
por siempre quedaban en las salinas.
Y todas las niñas en el verano,
van a tomar las aguas saltarinas
y se impregnan de sal los gaditanos…
Jierro
