domingo, 30 de mayo de 2021 – 10:34

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El Cabo Vilán asentado en unos acantilados catalogados como Monumento Natural, se yergue a 125 metros sobre el nivel del mar, fue el primer faro de España dotado con luz eléctrica.
Su historia llegó por una tragedia: la del navío inglés «SERPENT» que hundió muy cerca de estas rocas en 1890, dejando 172 muertos, chicos guardiamarinas de la Royal Navy y que en la actualidad las autoridades británicas, cada cierto tiempo, organiza acto de homenaje en el Cementerio de los Ingleses de CAMARIÑAS.
Los navegantes ingleses marcaban este punto costero con una cruz roja, se cree que fueron ellos los que, por su peligrosidad, le imprimieron el nombre A COSTA DA MORTE.

Cristina la última carrera del Cabo Vilán había ido de excursión con el colegio y todos los niños cogían naranjas de las 1600 toneladas que el naufragio del BANORA había arrastrado a la Costa da Morte, pero a ella se le encendió la luz y quiso ser farera.
Cristina Fernández la primera mujer farera de España ha vivido 46 años en Cabo Vilán.
Mi padre al principio me llamó loca, dijo:¡» Rousballe o traballo a os homes para vivir illada entre homes!».

En 1972 aprobó las oposiciones, Cristina se enamoró del hijo del farero, del faro y del mar en el mismo año.
No es fácil soportar el silencio y la soledad en un lugar tan aislado. El tiempo pesa, agota y arrasa la cordura.
Einstein aconsejaba a los científicos trabajar como fareros «para pensar sin que nadie les moleste».
Cristina se acostumbró rápido a la brètema (bruma) y aunque el faro hizo fuerte a Cristina, reconoce que hay momentos en los que el pánico se apodera de ella y sólo puede pensar en tsunamis.
Me digo: si yo me siento así en tierra firme, ellos los marineros que están ahí abajo…
Hacía encajes de bolillos y tocaba la gaita para no oír el rugido del mar cuando las tormentas eran demasiado duras. Como en 2014 cuando una ola de 28 metros azotó el enclave.

Es una de las rutas por mar más transitadas y peligrosas de COSTA DA MORTE, donde los vientos azotan y las olas bravas rompen contra los acantilados, logrando uno de los paisaje más sublimes de la costa gallega.
Cuando murió su marido en 2010 intentó marcharse a su pueblo CAMARIÑAS, pero una fuerza superior la obligó a regresar. Era el faro.
Hoy la tecnología ha desplazado a los fareros, ahora el faro se enciende y se apaga solo, pero para Cristina ver el faro es como si fuera un ser vivo, porque no hay momento relevante en su vida que no haya ocurrido en él…

Jierro


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