Dos bellas estatuas unidas,
obra de un genio escultor,
abrazadas y altivas,
noche y día, frío o calor.
En su belleza gloriosa,
primorosa obra artística,
yo me detuve a mirarlas,
a pesar de la llovizna,
al cruzar la plaza, extasiada,
ante mis ojos se movían,
los enamorados bailaban,
bajo el arco oscuro, en la umbría.
Con el eco de una música,
al resonar despertaron,
la loca fantasía del amor,
crean espejismos apasionados…
Los resplandores fugaces se disipan,
en el espacio de mi sueño encantado,
en esa noche solitaria y peregrina…
Jierro