En el año 381, una joven ¿monja? gallega llamada EGERIA partió de la costa Cántabra para, tras atravesar el sur de Francia y el norte de Italia, cruzar el Adriático y desembarcar en Constantinopla. Desde allí, a lomos de caballería, llegó a Jerusalén consiguiendo al fin peregrinar a Tierra Santa.
En un largo viaje entre 381 y 384 recorrió Egipto, Palestina, Siria, Mesopotamia, Asia Menor y Constantinopla. La única referencia de esta mujer aparecía en una carta a los monjes de El Bierzo escrita por San Valero donde revela un manuscrito redactado por EGERIA que hoy se conserva en la ciudad de AREZZO (Italia).
EGERIA era de ascendencia noble, su posición económica acomodada y de notable cultura. En sus escritos se revela como una mujer de profunda religiosidad pero también de ilimitada curiosidad.
Su forma de viajar a través del «Cursus Públicus» romano, la red de vías utilizadas por las legiones romanas en sus desplazamientos (una red de 80.000 kilómetros). Se baraja la posibilidad de que contara con algún tipo de salvoconducto oficial que le permitiría recurrir a protección militar en territorios peligrosos…
EGERIA en sus cartas «DIARIO DE VIAJES» narraba a sus amigas lo que iba haciendo, los lugares que iba viendo… redactaba sus cartas en un latín sencillo y usaba un estilo coloquial, a veces repetitivo con frescura y naturalidad.
Tras cuatro años viajando por TIERRA SANTA, cuando vuelve a Constantinopla (Estambul) escribe la última carta en la que decía «si tengo fuerzas» iré a EFESO, no se sabe si murió o regresó a Gaellecia…
El significado que tenía entonces «soror» era amiga explica un periodista, Carlos Pascual, que al traducir el escrito descubrió que era un malentendido que EGERIA fuese monja. Además por aquellas fechas no existían las monjas, no existían los conventos, aunque si una especie de comunidad «mujeres piadosas» que vivían juntas pero «muy a su aire» y que no eran religiosas…
Jierro
Imagen: Xan Carrizo, CC BY-SA 4.0
