Sobre la mesa, un libro viejo,
donde él acaricia sus amarillas hojas,
la tableta abierta como espejo,
conserva el seminario heredado,
de enciclopedias desgajadas y rotas,
guardadas en estantes cerrados,
y en bibliotecas de varias épocas…
Sus ojos perspicaces y pequeños,
miran tras los límpidos cristales,
para su vista cansada y atenta,
a tanta lectura y desvelos,
con unas lentes que no le valen...
Sobre su frente arrugada brillan,
hermosas ideas y recuerdos,
su rostro huraño se ilumina,
cuando piensa en arroyos cristalinos,
en montañas azules y verdes cerros…
Huye de la ciudad con su perrita,
camina a orillas del río seco,
a solas con su sombra en el campo,
entre chopos marchitos y hierbecillas,
goza del perfume a tierra mojada,
del invierno abundante en lloviznas…
Jierro
