El MAR del NORTE es gris, eléctrico, espectral, una playa infinita y la arena extendiéndose hasta el horizonte, las landas, los helechos y la humilde vegetación de la costa.
Oscuras algas alfombran la vasta playa dominada por todo el agua, esa agua tan distinta de la nuestra, de color plata a fuerza de mirarse en su espejo las nubes grises… Alternando llanuras con acantilados e islotes forrados de vegetación, de arbustos que se expanden a partir de libres semillas…
Cuando se viaja en solitario nos fijamos más en cada aldeano, cada ave, cada colina; pero sobre todo en esos marinos de gorro azul de lana y pelo cano que beben su cerveza para olvidar cosas que no recuerdan.
Los mares de las ISLAS BRITÁNICAS donde el hombre no piensa en bañarse, mares vecinos de los abuelos del POLO, las reservas vitales y latentes del NORTE inaccesible… Parejas de ancianos pasean por ese melancólico camino tantas veces recorrido. Un bote herrumbroso donde se posan las gaviotas, adonde llega la marea en la húmeda arena y el cielo plomizo; todo huele a hogar, a recogimiento, a NORTE…
Atrás queda el bullicioso LONDRES y adaptándonos pronto al tráfico por la izquierda y al tradicional cicloturismo inglés, con un imprescindible chubasquero descubrimos CORNUALLES, los Parques Nacionales de GALES y los corderos de YORKSHIRE…
Sin olvidar ropa de abrigo nos llegaremos a la ESCOCIA de los nombres celtas, que recuerdan conjuros y fórmulas mágicas, a EDIMBURGO, al LAGO NESS, al GLEN COE…
Y los que tengan arrestos cruzan hasta IRLANDA desde GALES y recorren su indómita costa, donde se multiplican estas maravillas: campesinos y pescadores, el anillo del KERRY con sus picos, playas y lagos, la costa noroeste del DONEGAL… las Islas de ARÁN.
¡Y la única duda es si queremos volver!….
Jierro