El carmín natural

El carmín natural

El CARMÍN o CARMESÍ lleva utilizándose desde tiempos prehistóricos por el hombre para pintar rojo, violeta, púrpura. De las cochinillas de las chumberas se extrae el carmín natural, componente básico de las barras de labios. Pero sus propiedades cromáticas conocidas desde hace miles de años, son utilizadas para teñir de rojo muchos de los cosméticos, bebidas o comidas que consumimos.

El gran negocio ROJO surge a partir de una infección. Los parásitos para defenderse de sus depredadores, se cubren de polvo blanco cuando infectan una chumbera. Tradicionalmente el carmín se obtiene moliendo los insectos secos e hirviéndolos luego en agua. Una cochinilla preñada segrega ácido carmínico. Las hembras cargadas de huevos proporcionan el tinte de mejor calidad. El insecto macho es un tonto útil…

Los aztecas ya cultivaban los cactus para recolectar los insectos y elaborar tintes. En el siglo XVI, emperadores españoles importaron toneladas de cochinillas para teñir la ropa de élite y el mobiliario. En EUROPA el pigmento se convirtió en producto de lujo, la tercera mercancía más valorada tras el oro y la plata. La famosa lana británica «Red Coats» fue teñida en el siglo XVII por expertos holandeses.

PERÚ, CHILE y las Islas CANARIAS son las que producen el mayor número de cochinillas, aunque ha sido sustituido en la mayoría de sus aplicaciones por el carmín sintético cuya producción es más sencilla y económica…

Llamada científicamente «COCCUS CACTI», pasa casi toda su vida (entre 100 y 120 días las hembras, la mitad los machos) sobre las pencas del cactus o saltando entre ellas. Allí nace, se alimenta, crece, se reproduce y muere. Mide 5 milímetros y hace posible muchas cosas. Está en la boca de la mitad femenina de nuestra especie y en numerosos bienes de consumo cotidiano. Las grajeas o pastillas, los yogures, los helados, los embutidos, algunos licores, los caramelos, el colorete… son como son gracias al carmín, derivado de la cochinilla, que los colorea.

Jierro


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