El consultorio radiofónico de «ELENA FRANCIS» fue un auténtico fenómeno sociológico durante décadas en España y formó parte de la cultura de varias generaciones durante 37 años con una moral e ideología conservadoras sobre el modelo de mujer, madre y esposa del franquismo, siempre sumisa.
El consultorio recomendaba a las mujeres abnegación, aguante, mirar para otro lado, tener paciencia, esperar a que las cosas cambiasen o sacrificarse por los hijos y la familia. Al negarse a actualizarse y seguir preconizando una moral de posguerra, cuando el destape, el divorcio, el feminismo y la lucha por la ley del aborto… la democracia trajo nuevos aires y se dejó de emitir.
DOÑA ELENA era un ser ficticio que había creado el «Instituto de belleza Francis» de Barcelona y se trataba de contestar a través del programa de media hora las cartas que se leían y se daban las respuestas, las más delicadas se contestaban personalmente con otra carta entre 1947 y 1984…
El régimen franquista trató de «aleccionar y educar sentimentalmente» a las mujeres españolas, con el beneplácito de la iglesia y los poderes públicos. Para ser un «contestador FRANCIS» había que tener una máquina de escribir propia, no cometer faltas de ortografía y, por supuesto y por encima de todo, era imprescindible la máxima discreción.
La radio, esa caja maravillosa, giraba en torno de la vida familiar con noticias, cuentos o seriales, y era el único modo de escuchar música. La radio era su bote salvavidas. Decía el escritor MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN: «La mujer española es un ser solitario condenado a cadena perpetúa desde el nacimiento. Todo la conduce a esa jaula, muy pocas veces dorada, donde ni siquiera ella canta, donde no hay otra música que la de la radio».
En 2005 se encontraron más de un millón de cartas con sus respuestas en una masía de LLOBREGAT. Cuando se desveló la inexistencia del personaje con la publicación en 1982 del libro «Las cartas de Elena Francis, una educación bajo el franquismo» la revelación causó gran conmoción, porque hasta el último momento, los responsables del programa afirmaron que ELENA FRANCIS existía. Se trata de una señora «muy digna, muy preparada y muy amante de su intimidad».
Con la llegada de la transición y la democracia a nuestro país con la consiguiente pérdida de audiencia, el periodista JUAN SOTO VIÑOLOS descubrió la verdadera identidad de ELENA FRANCIS en 1984, lo que supuso un trauma para muchas de sus antiguas oyentes…
Jierro