El correo abandonó el tren

El nacimiento del ferrocarril que unió las ciudades de Liverpool y Manchester en 1830 (INGLATERRA), ya llevaba incorporado en el convoy un coche – correo de la Royal Mail. El ferrocarril constituyó la columna vertebral del transporte postal hasta el cambio de milenio. La idea nació en INGLATERRA donde se adoptó la costumbre del sobre cerrado, antes sólo eran papeles plegados.

Todo un clásico del ferrocarril, el 30 de junio de 1993 partía de la Estación de Chamartín hacia MÁLAGA, el tren expreso que arrastró la última oficina ambulante de Correos en el territorio español. Una herida profunda a la operadora ferroviaria, sustituido por aviones, camiones y furgonetas. Se denominaba tren – correo a los convoyes que efectuaban parada en todas las estaciones del trayecto y que llevaban coches estafeta o el furgón que dejaba y recogía el servicio postal…

Eran, además, trenes de pasajeros, más lentos y con menos clase que un «rápido» o un expreso. En horario nocturno circulaba el expreso que solía llevar la correspondencia en un furgón especial, pero el servicio postal tenía paradas convenidas. El Estado estableció de forma regular el transporte de la correspondencia con empleados a sueldo de la administración de Correos, creando los llamados «Correos Ambulantes», con trabajadores fijos que cobraban más. Su misión era recoger y repartir la correspondencia a bordo de los trenes, era una Institución muy querida del público porque hacían de buzón de alcance a su paso por las estaciones a las que se llevaba una carta apresurada o urgente.

«La ascendente marcha de la civilización, el crecimiento de las poblaciones, de la industria, de los negocios y la internacionalización de la cultura y de los grupos humanos, crea un ingente tráfico postal» dicen los historiadores…

Este medio de transporte en ferrocarril reducía los tiempos de entrega del Correo, permitía el traslado de grandes cargamentos de correspondencia, además de clasificar los envíos en el propio vagón – oficina durante el trayecto. Era una tarea compleja que exigía una gran planificación para coordinarse con otros trenes, enlaces diversos y correo internacional.

Los funcionarios Ambulantes podían ser víctimas de descarrilamientos, choques, incendios, asaltos, retrasos… por cualquier avería o desperfecto. El personal portaba armas cortas para defenderse y viajaba totalmente aislados del resto del tren, ya que no sólo transportaban cartas, sino también valores, certificados, metálico y paquetería.

Hoy algunos vagones que fueron restaurados se encuentran en los Museos del Ferrocarril o Asociaciones, otros fueron vendidos como chatarras… EL CORREO ABANDONÓ EL TREN…

Jierro


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