Son cruciales en laderas, solanas áridas y pedregosas donde no progresan otros árboles. LOS ENEBROS constituyen un milagro de la NATURALEZA. Son fuertes y bellos. Su madera más resistente que el hierro y a la humedad y al calor. Surgen en los montes o páramos y cuando mueren unos nacen otros.
Los campesinos los cortaban para hacer vallas y cercas, pero si pensamos que para el desarrollo de un enebro de dos o tres metros deben pasar decenas de años, a veces siglos, se pone la carne de gallina, cuando llega un intruso y lo corta, porque deberíamos saber que los ENEBROS para replantarlos es complicado, lo mejor para que agarre es cuando un pájaro ingiere una de sus bayas, la digiere en su estómago y lo deposita luego mezclado con sus excrementos en tierra fértil… Para que un enebro pueda nacer hay que ver millones de semillas perdidas o diseminadas por el viento.
El ENEBRO «La Eme» es la historia de un árbol sólo. Una sabina arraigada en tierras burgalesas. No es alta, pero sí robusta. Lo llaman ENEBRO porque así le dicen a las sabinas en muchos pueblos de la vieja Castilla. Lo de «La Eme» se debe a la gran M que tiene grabada en el tronco. Nadie recuerda en el pueblo el porqué de esa letra ni por quién fue tallada. Ni tan siquiera gentes que nacieron en el siglo pasado conocieron las respuestas…
Lo único evidente es que allí, en el altozano donde se yergue, es el único superviviente del monte de sabinas, enebros, quejigos y encinas que en otros tiempos cubrían lo que hoy son tierras de cereal. El ENEBRO «La Eme» es viejo, muy viejo, puede que cuente cinco siglos o más. Por eso, su M es también inicial de «Madre de todas las sabinas». Su madera es aromática, de color rojizo, se saca un aceite que es buen cicatrizante de heridas y úlceras, así como para afecciones cutáneas como eczemas. En veterinaria se ha empleado para curar la sarna del ganado y otras afecciones.
La sabiduría popular dice:
Debajo del enebro
no hay culebras,
por lo que el pastor,
allí echa la siesta.
Jierro