La muerte llega, sin querer vino,
silban oraciones, cantos y rezos,
prerrogativas que quiten miedo,
cuando su espíritu cruza el pasillo.
Sin darnos cuenta llegan las sombras,
un día cualquiera con gran sosiego,
el sol trasmina en turbios cristales,
rayos suaves y desteñidos,
que a la retina gravan eternos.
Con cuanta prisa se anda el camino,
se hace memoria de los recuerdos,
el tiempo pasa, los años corren,
en el río que nos lleva, cual torbellino,
en gotas múltiples bien esparcidas,
acerca el final de nuestro destino,
en dulces besos, valiosa magia,
en otras vidas buscan abrigo…
Jierro
