Quedará un hilo rojo,
dejo el campo por el mar,
mi casa mía no es,
la chimenea, el hogar,
flores que en menguante planté.
La música la trae el viento,
con las nubes viajeras,
qué derraman aguaceros,
sobre la tierra reseca.
Tintinean y resuenan,
al vaivén de las cañas,
bailando con la arboleda,
los bambúes y la plumaria.
Yo me quedo allí mirando,
en tanto sale la luna,
cómo tras Sierra de Aguas,
el sol cansado se oculta…
Jierro