La inmensa mayoría de los musulmanes de Al-Andaluz eran habitantes de la Península Ibérica. Durante la EDAD MEDIA los musulmanes que quedaron sometidos al dominio cristiano (los mudéjares) nunca se sintieron extranjeros, pero a comienzos del siglo XVI, las cosas cambiaron, obligados a la conversión al cristianismo o al exilio, los moriscos vieron a los cristianos como «gente sin bondad, sin oficio, sin justicia»…, y aceptaron el exilio como el camino hacia la Tierra Prometida.
Los moriscos expulsados a principios del siglo XVII eran españoles. La diáspora de 1609 fue realmente traumática, porque cuando se marcharon dejaron atrás su propia historia, sus raíces y su referencia vital.
Todavía hoy, pese a más de cuatrocientos años transcurridos, puede apreciarse en algunos países del norte de ÁFRICA la huella de los moriscos de España, una tierra, la añorada Al-Andalus, que para algunos descendientes de los expulsados entre 1609 y 1614 sigue siendo, cuatro siglos después, UN PARAÍSO PERDIDO…
UN PARAÍSO PERDIDO que tiene la huella Islámica y sigue muy presente en la cultura española… Salvo el euskera, las demás lenguas oficiales (gallego, castellano, catalán) son heredadas del latín, pero en todas ellas la influencia del idioma árabe es bien manifiesta… No pocos términos relacionados con la artesanía, la agricultura y la ciencia proceden directamente del árabe y significan lo mismo (alcalde, acequia, atalaya, Alcázar, Alcaicería)… Y lo mismo ocurre en la literatura: «las jarchas y los romances».
España ha sido contemplada por su pasado musulmán como un país no plenamente europeo. A ellos contribuyeron, además de la Leyenda Negra gestada en el siglo XVI por ingleses y flamencos, la literatura romántica y los relatos de viajeros extranjeros en el siglo XIX…
Sin embargo en España se sigue debatiendo hoy la importancia del legado cultural islámico y la deuda con ese pasado. Lo que debería haber sido un valor añadido, es decir, la situación de España como punto de encuentro entre culturas y civilizaciones, se ha convertido a veces en motivo de agria polémica que no lleva sino a estériles e inútiles enfrentamientos.
Al-Andaluz hizo suya la cultura musulmana llegada de ORIENTE y asumió buena parte de sus manifestaciones cotidianas: La cocina tradicional, monumentos, elementos decorativos, palabras…, aunque a veces pase desapercibido, restos de unas gentes que pasaron por la historia de manera anónima y de un modo de vivir ajeno por completo a lo que hoy es ESPAÑA…
Jierro