El mar revuelto

Desde la orilla veo,
el mar ondulante y rabioso,
a través de las altas olas,
se escuchan rumores extraños,
sin pausa, en el basto balanceo,
al viejo mar que quiero tanto,
confieso mis pensamientos,
hasta hallar un breve descanso.

El aire puro me envuelve,
de sal marina me baño,
entre las nubes de lluvia,
y a través del limpio espacio.

Luego, el sol asoma oblicuo,
con sus transparentes rayos,
rayos que preñados traspasan,
de abundante calor tibio,
sobre la arena arrugada,
derrama misterios indecisos.

Como una solitaria luciérnaga,
en el camino de la noche,
mi voz es un silencio continuo,
que espera clamar cualquier día,
y no dormir sobre el abismo…

Jierro


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