El mosquito arrinconado,
y su bis-bis, ya te he oído,
repetido y pesado,
en mi estancia oscurecida,
y con sábanas de lino,
hasta arriba acurrucado,
¡Dios sabe dónde andarás!
Enciendo la luz y brilla,
volando en la habitación,
picor, palmadas, locura…
en mi piel que vive y siente,
¡Ay! te pesqué impaciente,
sobre la mesita de noche,
en un tortazo genial…
No echo flit ni veneno,
y en mosquiteras tupidas,
ya te cogí prisionero…
Jierro
Imagen: JJ Harrison, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons
