Colgado entre la niebla,
el otoño se viste de invierno,
en alfombras pardas, purpúreas,
donde las negras hormigas,
debajo de la hojarasca,
salen de sus agujeros.
Los madroños anaranjados,
en diciembre enrojecieron,
y las extrañas libélulas,
anuncian el cambio de tiempo.
La irresistible borrasca,
al viento Norte empuja,
y en el cárdeno crepúsculo,
alzan los pájaros su vuelo.
Pasa otro año, ya viejo,
henchido de voces que se pierden,
en la lengua de los ancestros…
Jierro