Ya la verde primavera se ha ido,
hogaño no vinieron a saludarme,
aquellas golondrinas bellas y ágiles,
que en el cordel donde tendía la ropa,
hacían piruetas y traían suerte,
en su llegada marcaban cantarinas,
sus antiguos nidos supervivientes…
Parecía una alfombra colorida,
el sendero que sube hasta la sierra,
hogaño, no cogí violetas ni siemprevivas,
ni los tiernos espárragos escondidos,
entre palmas donde duermen las culebras.
No escuché al arroyo cantarino,
que tras el invierno lluvioso,
dejó llena la charca de las ranas,
ni el aullido del viento embravecido,
que arrancó las hojas de los álamos,
ni las laboriosas abejas sabias,
o las hormigas que no hacen ruido.
Tampoco me asustó el oscuro sapo,
cuando el canto de los grillos escuchaba…
Pero la mañana abre sus puertas,
y el sol nos abre caminos con su gracia…
Jierro
