Los sombreros como protección sobre la cabeza contra los elementos han existido durante mucho tiempo, uno de los primeros se encontró en una pintura de una tumba en Tebas de un trabajador hindú o chino con un sombrero de paja. Otros sombreros fueron los gorros frigios que se les daba a los esclavos en Grecia y Roma cuando se hicieron hombres libres.
Hay dos estilos básicos: con ala y sin ala, y dos formas básicas gorras y sombreros. Sin embargo tras miles de años el sombrero está en peligro de extinción. La etiqueta dictaba que no se llevara en casas, iglesias ni en presencia de una dama.
Sin embargo, no fue hasta la Edad Media cuando el sombrero comenzó a ser una tradición ante las distintas clases sociales, donde los reyes imponían con sus coronas y los siervos con sus liripipes…
A finales del siglo XVI, las mujeres comenzaron a usar sombreros parecidos a los del hombre y a finales del siglo XVII los sombreros de mujeres comenzaron a surgir por derecho propio.
Desde su invención, los sombreros han ido y venido como símbolos de status, uniformes y declaraciones de moda, así como ser funcionales en deportes y equipamiento de protección.
Probablemente desde los años 50 con el uso generalizado del automóvil que protege de la lluvia, el sol etc., la llegada del agua corriente y del champú y la popularización de las peluquerías, el sombrero fue perdiendo utilidad.
Hoy día el sombrero es una prenda elegante, durable, de calidad y sobre todo aporta estilo a todo aquel que lo lleva.
Con los años ha conseguido convertirse en un símbolo indiscutible de clase y elegancia. Las sombrererías son establecimientos que tienen mucha historia en ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Málaga…
Jierro
Imagen: Jorge Royan, CC BY-SA 3.0
