Hogaño, la primavera temprana,
trae gorriones a mi balcón,
escarban en las alegres macetas,
que hay en mi pequeña terraza.
Ya no me saludan las golondrinas,
en aquel lugar donde antaño vivía y ellas anidaban,
ni escucho las aguas cristalinas del arroyo,
que con las lluvias bajan de las montañas…
He soñado que recorría los caminos,
del VINCULILLO, por la umbría y la solana,
recogiendo siemprevivas y margaritas,
bajo los algarrobos tupidos,
de verdes frutos y especial fragancia.
Y bajo el pino canario, en el banco de piedras blancas,
contemplo retamas con flores amarillas,
violetas silvestres, campanitas granas,
tierra en la que han nacido,
y, que conservan la buena esencia,
del esfuerzo y el trabajo recibido,
de la luna llena y el sol naciente,
de los besos que mando con mis amigos,
y ellos arrojan cuando pasan por el puente…
Jierro
