Ahora me parece increíble los recuerdos de adolescente y las escapadas peligrosas a las que la curiosidad quitaba importancia.
Y es que viviendo en el pueblo de ÁLORA con el HACHO a sus espaldas era un reto para mi amiga y para mí subir a la cima donde está la Cruz por el «Cuchillo», la cresta o el filo del precipicio…
He de confesar que con el paso del tiempo lo pasé bastante mal en una excursión con 25 niños de 7 años, rodeando el pie del monte HACHO. De vez en cuando los contaba y me faltaba uno que según dijeron sus compañeros estaba acostumbrado a coger espárragos. Sin darse cuenta se había alejado del grupo y no nos quedó otra que ir tras él llamándole a voces… Al final lo encontramos en la cima al pie de la Cruz…
Improvisando, sin saber por dónde era menos peligroso bajar, pues se nos había agotado el tiempo, hicimos una cadena intermitente y por la parte más suave que llega al Camino del Puerto fuimos reculando y gastando nuestros pantalones vaqueros a medida que nos íbamos deslizando…
Tiene que existir el Ángel de la Guarda además de la suerte que tuvimos en llegar sanos y salvos de aquella excursión imprevista.
Años después, he tenido encuentros con algunos, ya hombres y mujeres, y todos recuerdan aquella experiencia para siempre vinculada al grupo.
Más adelante hicimos muchas excursiones, ya programadas, para sembrar árboles en otoño o primavera… Poco a poco empezamos a repoblar con acebuches, pinos carrascos, encinas, algarrobos… Repoblaciones que se extendieron a grupos ecologistas y al propio Ayuntamiento de Álora.
El amor a nuestro entorno y su cuidado se tiene que inculcar desde pequeños, hacer suyo el bosque, retirar las basuras, vigilar el crecimiento de los árboles, contemplar al natural las cabras montesas, los cernícalos, los buitres leonados….
Por ello, cada año, salen muchos niños desde el pueblo a caminar 4 kilómetros en la «HEMI RUTA SOLIDARIA» hasta la cima donde se encuentra el monumento, símbolo de la lucha contra la Hemiparesia.
Y cuando nos sentamos en el banco para hacernos la foto y disfrutar del fértil Valle del Guadalhorce rodeados de plantas aromáticas con las que nuestras abuelas nos curan con su magia: manzanilla, mejorana, tomillo, espliego, romero…
Quedamos amarrados por el VÍNCULO de cuidar lo nuestro, tanto de las personas como del lugar…
Jierro
