En esta tarde de otoño,
tarde de otoño dorada,
tienen frutos los madroños,
rojos, verdes y naranjas,
no quedan ya golondrinas,
ni croa alegre la rana,
no hay yerbas en la ribera,
y las colinas están calvas.
En estos campos resecos
de lluvias abandonadas,
arrecia con fuerza el viento,
aúllan de lejos los perros,
y un haz de luz violeta,
se filtra por la ventana.
¡Otro año de sequía!
Nuestros ojos tristes, claman,
ahítos de melancolía,
esperando desde el cielo,
copiosas aguas otoñales,
que en las puertas del invierno,
rieguen prados y montañas…
Jierro