En nombre de la sal

En nombre de la sal

En el año 1620, el inventor holandés Cornelius Drebbel refrigeró la Corte de Westminster con el primer aire acondicionado, hecho a base de agua y granos de SAL. Los artesanos de Kyoto (Japón) la utilizan para vidriar sus cerámicas; también se utiliza, en las luces de sodio, en los combustibles de los aviones, a los que se agrega SAL para quitar los restos de agua. Durante la revolución industrial se incrementó la producción de SAL. Y, en poco tiempo no ha dejado de ser un bien exquisito.

La SAL está llena de mitos y leyendas, desde los cohetes sondas de Blamont para medir las corrientes atmosféricas, hasta el uso aséptico que le daban los antiguos marineros… Así de omnipresente ha sido la SAL en la historia de la humanidad.

Celebrar la belleza y la magia en la NATURALEZA antes que el poder no es nada práctico en el mundo en que vivimos, ya no se paga un salario con el peso de la SAL. Y no es difícil deslumbrarse cuando al entrar, aquí mismo en España, en la montaña de Cardona (Barcelona), toparse con esos remolinos blancos que se parecen a la espuma del mar, que alguna vez lo cubrió todo, el volumen de estas formaciones que por año se agiganta, un asombro que se ha convertido en rituales y supersticiones esparcidos por todas las latitudes: Los suecos echan unos granos de SAL a la leche para proteger sus vacas; los luchadores de sumo hacen lo mismo sobre la arena antes del combate; en Alemania los zapatos de la novia se rociaban con SAL… La SAL mantenía alejado a los malos espíritus en África. Entre los marinos de antaño estaba vedado pronunciar su nombre por superstición y, en el Islamismo, se usa para sellar un pacto.

GANDHI la eligió como estandarte en su lucha no violenta «LA MARCHA DE LA SAL» en 1930. Con el simple gesto de llegar hasta el océano y coger un puñado de SAL con sus manos, desencadenó una avalancha que arrastró, tiempo más tarde, la colonia británica.

Las minas de SAL son de estos lugares donde la realidad supera a la fantasía. En su nombre se libraron guerras, se tejieron mitos, se conquistaron pueblos y se nombraron dioses.

Festejemos que algo tan vital para nuestra existencia sea tan barato y fácil de conseguir como nunca antes en la historia…

Jierro


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