Una mañana de invierno,
con furia llegó la borrasca,
se cubre todo de negro,
de fondo la lluvia avanza,
el viento azota hercúleo,
palmeras caen en la playa,
las olas rompen la arena,
haciendo labores pesadas,
cavando bajo las rocas,
páramos de piedras blancas,
con poco esfuerzo; parece
que el mar entró en las entrañas
del río y hace senderos,
hasta los muros y las tapias.
En el camino del ferrocarril,
no quedan ya gorriones,
y huyeron las cigüeñas,
de campanarios y torres,
sobre el paseo viejo, las hojas
de árboles, que el viento arranca,
van dejando, a intervalos,
alfombras arracimadas;
Entre las zarzas marchitas,
ramas de Castaños de Indias,
cubiertas de sus erizos,
crujen y se desgajan…
¡Por fin, la lluvia, ya escampa!
Jierro
