¡Qué larga semana de estío!
Combatir el calor en la butaca,
un cansancio soñoliento mecido,
en la umbría, tras las puertas cerradas.
Brilla el sol en el firmamento,
el aire trae sobre los tejados,
fragantes olores que inflaman,
de humo, de pinos quemados,
que ardieron en la montaña.
Vibra la hora de julio,
faltan notas a las chicharras,
cual un concierto de pianos viejos,
insistentes multiplican la sonata.
Anuncian la feria del pueblo
las calles recién encaladas,
macetas de rojos geranios,
cuelgan sobre las barandas,
cintas de chillones colores,
entre balcones y ventanas,
voltean y voltean alegres,
los repiques de campanas…
Jierro
