Fina y mansa la vi caer…
¡Qué ilusión sentada en el zaguán,
al contraluz del amanecer!
mojadas las fachadas de cal,
gotas prendidas y brillantes,
cual cristales rudos de diamantes,
resbalan como perlas de sal.
Los mirlos corren de un lado a otro,
picotean madroños y vuelven otra vez,
llega un olor a tierra mojada,
que aún no ha saciado la sed.
…Y sin embargo cantaban…
Voces pueriles de ayer:
¡Qué llueva, qué llueva…
A los árboles que sembré,
para que las semillas broten
y en plantas se conviertan,
a las coloridas flores,
que alimentan a las abejas.
¡Qué llueva, qué llueva!
Corra el agua por doquier…
Jierro
