Granada es árabe y bella, encaramada en una colina roja, se deja caer a los pies de casas blancas enmarañadas por tortuosas y quebradizas calles. Su emblema es la Alhambra y dentro de ella se despliega la Alcazaba, dominada por la Torre la Vela, los Palacios Nazaríes y los patios de Arrayanes y leones. El agua está presente dentro de su arquitectura y corretea por los fantásticos jardines del Partal y el Generalife, construcciones cristianas erigidas en torno al palacio de Carlos V.
Enfrente se extiende el Albaicín, a cuyos pie corre el río Darro. Desde el Paseo de Los Tristes ascienden calles estrechas y umbrías con las legendarias casas de «Los Cármenes» donde el rumor del agua y el olor penetrante de las flores hacen más apacible el día a día.
Desde el Albaicín en el mirador de San Nicolás, queda Sierra Nevada como telón de fondo. Quien quiera conocer Granada basta que la recorra. Sí es posible, una y muchas veces… Encontraremos el alma de una civilización que mantiene su particular gusto por la íntima belleza de las casas ocultas, la delicada y frágil belleza del arte nazarí y de la sensibilidad cristiana que fue capaz de respetar, aún modificándola, aquella refinada y decadente cultura de los últimos moros de Granada.
Antiguo corazón de la urbe, Puerta Real, antaño poblada de cuántos querían hacer algún trato, ver y criticar a los demás o simplemente deambular entre la gente, se observa la mezcla de culturas, musulmana y cristiana, no siempre bien avenidas, pero que fue desgranando con los años.
La vida nocturna de Granada es variada gracias a los festivales internacionales de Música y Danza, así como la visita a los bares de tapas por la calle Elvira o la visita a alguna cueva del Sacromonte para participar en un espectáculo flamenco…
Granada es realmente la capital de la Andalucía mora, uno de los lugares más visitados por turistas de todo el mundo.
«Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada, como la pena de ser, ciego en Granada».
Jierro
Imagen: Chrisi1964, CC BY-SA 4.0
