¡Al hombre zanahoria,
se lo comerá un conejo!
O los lestrigones o los cíclopes,
o el furioso Poseidón,
en los mares aún desiertos.
Él, solo piensa en valiosas mercancías,
en puertos o lugares nunca vistos,
y del que no tiene noción de geografía.
Se detiene en los emporios de metales,
cuantos más abundantes, más ganancias,
para sus amigos y familiares.
Apresura sus viajes y en su llegada,
se enriquece en todos los negocios,
visita muchas ciudades envidiadas,
sin aguardar para que aprendan sus socios,
a brindarles el camino del dinero,
el poder sobre todas las naciones,
el petrodólar más valioso que el euro…
Pero el mundo no tiene nada que darte,
y atracas, viejo ya, en cualquier isla,
enriquecido con todo lo que ganaste.
Pero, ¿de qué te sirve tanta riqueza?
Si al final, como un mísero pordiosero…
¡al hombre zanahoria,
se lo comerá un conejo!
Jierro
Imagen: Kamahele, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons
