Ignacio Sánchez Mejías

IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS (1891-1934), más allá del toreo fue dramaturgo, presidente del BETIS, de la CRUZ ROJA, actor ocasional, jugador de polo, boxeador… amigo de los jóvenes poetas de la GENERACIÓN del 27.

Como tantos chiquillos sevillanos, se inició en la tauromaquia jugando al toro. Hijo de una familia burguesa, con 17 años se escapó de casa a la aventura con su amigo «el Cuco» para hacer
«Las Américas» como toreros. Se embarcaron como polizones en un transatlántico con rumbo a Nueva York. Al llegar, las autoridades creyeron que se trataban de peligrosos anarquistas. Aclarada la confusión, y porque su hermano Aurelio vivía en MÉXICO, lo reembarcaron con rumbo a Veracruz.

Tras la escapada a MÉXICO se incorporó como banderillero a la cuadrilla de Joselito en 1910, iniciando su carrera de torero. Cuñado del mítico torero JOSELITO «EL GALLO», su figura trascendió dentro y fuera del ámbito taurino como uno de los personajes más populares de la cultura de España durante el primer tercio del siglo XX.

IGNACIO representa a la perfección el deseo de vivir, de apurar cada instante, de vivirlo todo sin límites, quizá por eso su muerte significó tanto para sus amigos. Su vida intelectual no puede enterrar la adrenalina de cada tarde de toros y reaparece con 43 años respondiendo a las preguntas de las razones de su vuelta. «Lo único que merece la pena en la vida es desear, no resignarse nunca. Yo vuelvo al toreo porque no estoy conforme con el torero que fui antes».

Es el último héroe romántico de una generación de españoles que ofrecerían inútilmente sus vidas en una contienda inútil. El toro GRANADINO, le dio una gran cornada en el muslo derecho al iniciar la faena de muleta sentado en el estribo, uno de los arriesgados lances que practicaba a menudo. Cansado de vivir y de ver mundo, reapareció para morir en las astas de un toro. No concebía otro tipo de muerte, y tuvo la que él quiso.

La elegía laica escrita por FEDERICO GARCÍA LORCA «El LLANTO POR LA MUERTE DE IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS» refleja a la perfección el romance con el ritmo andaluz de la soleá. El resultado es de una fuerza estremecedora y de una contundencia lírica que hacen de este poema uno de los más grandes de la poesía española de todos los tiempos.

IGNACIO era un personaje genial e irrepetible, toreros mejores que él los hubo, caso de JOSELITO y BELMONTE, pero se diferencia en que su vida era un reto continuo, único e irrepetible… Una vez conseguido un objetivo emprendía otra tarea, incluso un caso único en la historia de la crítica taurina, haciendo la suya propia: Ignacio, hoy debiste quedarte en casa. Tu cuerpo lo vimos en LA MAESTRANZA, pero tu mente estaba en el ATENEO. Has estado fatal, pero es imposible; ni con las banderillas que siempre fuiste un fenómeno, has estado acertado, te libraste de la cornada porque Dios estaba contigo, menos mal que las broncas se las lleva el viento …

Jierro


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